martes, 27 de marzo de 2012

Sexismo lingüístico

En relación al artículo para el comentario crítico de J.J. Millás  Otra de lengua referido a la polémica suscitada por el  artículo de Ignacio Bosque y los distintos textos escritos en favor y en contra os ofrezco una selección de vínculos de interés. En relación a la postura de J.J. Millás creo que es de interés este artículo.  y esta otra columna escrita por él en relación al mismo tema ¡Era tan normal! .En el primero deja claro que es la lengua y su empobrecimiento lo que acaba limitando la mente. Tampoco quieros apabullaros , pero para aquellos que queráis pensar con algo más de  profundidad en el tema que plantea Millás sobre qué es primero la lengua o el pensamiento y las relaciones entre ambas ( tema de conflicto entre filósofos, lingüistas y psicólogos )   puede esclareceros algo este resumen. En definitiva hay distintas perspectivas ante el problema:  la filosófica que tiende a subrayar el dualismo lengua/ pensamiento ( Aristóteles, Platón) las lingüísticas ( Sapir, Chomsky) o las psicológicas que ,aún subrayando la indepencia  de  ambos , marcan puntos de convergencia en la construcción del pensar y el hablar.( Piaget y Vygotsky). Complicado , pero merece la pena el reto para, de este modo poder saber opinar. También hay un video del propio Ignacio Bosuqe y un debate con más argumentos. Mi postura ya la hemos discutido en clase, pero me interesa que seáis capaces de encontrar argumentos claros y precisos para debatir un tema tan controvertido. Quiero buenos comentarios porque es una de las notas que tendré en cuenta. En cuanto al punto de vista maintenant c´est à vous de décider. Pour ou contre.Je vous attends. Recordad la estructura más elemental del comentario crítico: a)introducción sobre el autor, el texto  y el contexto de este /b)explicitación de la tesis del autor/ c)refutación, negociación o apoyo de esta por vuestra parte con argumentos/d)valoración del lenguaje o los argumentos elegidos por el autor ( si procede)/ e)conclusión.


15 comentarios:

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  2. Hoy en dia el sexismo es algo que desafortunadamente se da en la sociedad actual ya sea de una manera u otra,en los trabajos ,en las entrevistas o simplemente en la forma dse hablar ,y es de esto de lo que trarta el texto del sexismo que se produce hoy en dia a la hora de hablar, en la lengua
    El sexismo de la lengua pienso que se da de manera instantanea,a veces,no siempre pero en la mayoria de las veces se da el sexismo a la hora de hablar , y pienso que que s algo que se deberia de corregir pero tambien pienso que hay unas ciertas personas que son muy extremas ,ya qu en el caso,muy habitual que sucede en el dia a dia en los colegios por ejemplo,en el que hay gente que se qeja simplemente por el hecho de que el profresor diga “alumnos” cuando en una clase hay habitualmente niños y niñas,yo en este caso lo veo como algo innecesario el tener que decir “alumnos” y “alumnas” solo porque a alguien piense que se tarta de sexismo a la hora de hablar. El autor compara el sexismo de la lengua actual con la epoca del franquismo y tambien explica la influencia que puede llegar a hacer los medios de comunicación ,el televisor y la radio, y en la sociedad que uno vive.
    En conclusion, pienso que cuando se da una situacion de sexismo,hay que intentar de corregirlo,pero cuando se da en zonas como por ejemplo en el que se dice “alumnos” y “alumnas” en vez generalizar i decir unicamente “ alumnos”,ya que veo que llegar a esto lo veo como algo un poco extremista y por eso pienso y opino que hay cosas que estan bien como se dicen aunque un grupo de personas piensen que no.

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  3. Nos encontramos ante una crítica , concretamente una columna. Publicada por el periódico El País y escrita por Juan José Millas.
    Concretamente al autor pretende plasmar el problema del sexismo en la lengua española. En contra de dicho sexismo argumenta que la lengua puede cambiar conforme cambia la política o incluso la ideología de la sociedad. Pone como ejemplo la influencia del régimen franquista en la gramática o la libertad de expresión debido a la censura. Así como el cambio en la lengua con la evolución ideológica, ya que comparada con la de hace 20 o 30 años es mucho más liberal en algunos ámbitos.
    Pero esas son facetas de la vida que duran unos años y luego vuelven a cambiar. Sin embargo, el sexo es algo innato en nosotros, es algo permanente.
    Todos somos conscientes de que por mucho que por mucho que la sociedad piense que ha avanzado en cuando a la desigualdad entre hombres y mujeres, aún hay discriminación y desigualdad entre ambos.
    Esto se refleja en la lengua en ciertas palabras que según el género al que se refieren llevan connotaciones positivas o negativas. Esto no es algo que deba pasarse por alto, pues es un claro ejemplo de desigualdad. Algunas veces usamos esas palabras inconscientemente, es decir, sin saber realmente lo que su uso conlleva. Esto demuestra que somos los primeros que aceptamos la existencia de dicha desigualdad, pues podemos decir que las palabras con el reflejo de la mente.
    Estoy de acuerdo con que el sexismo no debería existir en la lengua, pero desde hace poco ese afán de igualdad se está llevando a unos extremos que considero un poco absurdos.
    Como ejemplo podemos poner el cambio realizado en los semáforos. Personalmente, no me siento discriminada porque en un semáforo no aparezca la imagen de la mujer con la falda. Principalmente porque las mujeres también nos ponemos pantalones y podemos sentirnos igualmente identificadas.
    En definitiva, el autor termina la critica hablando de una solución para este problema. Es cierto que si realmente queremos erradicar ese problema del lenguaje, los primeros que debemos cambiar somos nosotros, tanto el hombre como la mujer.
    Pero bajo mi punto de vista, el principal problema de la desigualdad entre sexos no radica en la lengua. Todos podemos ver cada día en la televisión que hay miles de mujeres maltratadas y otras tantas asesinadas por manos de los hombres, con la simple excusa de "ser superiores"( también se dan casos de maltrato de mujeres hacia hombres, pero es menos frecuente).
    Que haya personas indignadas porque no se diga cada palabra en el género femenino y en el género masculino realmente es algo absurdo. Deberíamos hacer también tanto esfuerzo por todas esas mujeres y hombres que por culpa de esa desigualdad han perdido la vida o aún viviendo, no saben lo que es vivir.

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  4. Nos encontramos ante un texto de opinión de Juan José Millás, famoso columnista del periódico El País, en el que refleja su postura sobre la polémica del sexismo en la lengua española. Con esta columna, el autor muestra su oposición al artículo publicado en el mismo periódico por Ignacio Bosque. Dicho artículo, presentado bajo el título Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, consiste en un análisis de nueve guías de lenguaje no sexista en el que presenta su oposición e indignación ante la exageración de un asunto que, actualmente, se ha convertido en la controversia de numerosos lingüistas españoles.

    Según el artículo de Bosque, no es posible que la lengua posea connotaciones ideológicas, y critica duramente las soluciones que proponen las guías para atajar el problema del sexismo en la sociedad, que consideran que surge de un mal uso del idioma. Juan José Millás, como ya se ha citado, se posiciona en la idea contraria. Este autor considera que es el lenguaje el causante de las contrariedades sexistas de nuestras sociedad, de las que todos tenemos conocimiento hoy día.

    Su postura se basa principalmente en el origen de la lengua y su deterioro, y de cómo esta actúa como condicionante del pensamiento, siendo responsable de una serie de limitaciones del mismo. Como argumento para su postura, Millás hace alusión al lenguaje que se utilizaba en diferentes épocas, por ejemplo el franquismo, y cómo este era capaz de incidir en la ideología de gran parte de la población del momento.

    Personalmente, la reflexión de Millás no me parece del todo errónea. No podemos ignorar que pensamiento y lenguaje están íntimamente relacionados, y que de alguna forma, la actuación de uno se impone sobre el otro. Llegados a este punto, nos encontramos con la ancestral disputa que limita el esclarecimiento de esta difícil cuestión: ¿Es el pensamiento el que da forma al lenguaje, o es el segundo el que sirve de orientación al primero? Existen numerosas posturas respecto a la respuesta. En mi caso, considero que fue la capacidad de comunicación la que hizo que el ser humano fuera capaz de desarrollar conciencia. Tengamos en cuenta que existen numerosos idiomas, y que estos suponen diferentes formas de concebir el mundo según la región en la que se den (por ejemplo, los esquimales tienen unas treinta palabras para nombrar el color blanco).
    En el texto, Millás deja entrever la solución al problema de la ideología en el lenguaje. De forma implícita y con una interesante ironía, propone que, para conseguir erradicar el sexismo de la lengua, primero hay que hacer que el lenguaje cambie conforme a la necesidad de una sociedad igualitaria respecto al sexo.

    Sin embargo, no podemos negar que ciertos aspectos de este cambio, que proponen las guías que critica Ignacio Bosque, han llevado la solución a un extremo que roza casi lo absurdo. Considero que es totalmente innecesario llevar dicho cambio al punto en el que se haga imposible llevarlo a la práctica. Si acatásemos las pautas que proponen dichas guías, llegaría un momento en el que nuestras frases al hablar serían incomprensibles. Imaginemos por un momento que hablásemos haciendo visible el género femenino en nuestras conversaciones: los padres y las madres que estén interesados e interesadas en que su hijo o hija asista a la excursión del próximo lunes deberán comunicarlo al profesor o profesora encargado o encargada del curso del mismo o la misma. Es totalmente absurdo.
    En definitiva, considero que el sexismo en la lengua es un problema real, que está presente aún en nuestros días y que supone un lastre para una sociedad que consideramos moderna e igualitaria. No obstante, en lugar de plantear soluciones exageradas, podrían formularse medidas más simples y seguramente más eficaces que las propuestas. Por ejemplo, utilizar el término humano, en lugar de hombre, para referirnos a la totalidad de las personas.

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  5. Nos encontramos ante un texto publicado en el periódico El País por el famoso columnista Juan José Millás y en respuesta a un articulo publicado anteriormente por Ignacio Bosques. En él, se trata un tema que parece estar bastante de actualidad: el sexismo en la lengua. Millás hace una reflexión sobre cómo la lengua, aunque algunos como Ignacio Bosques consideren que no, ha ido cambiando a lo largo del tiempo y la lengua que antes tenia tintes franquistas, ahora parece mas liberal. Además plantea la necesidad de acabar con el problema mediante un cambio en lo mas profundo de la sociedad: su tradición.

    En lo que ami respecta, creo que la lengua en sí no es sexista, sino que son las personas las que hacen de ella un mal uso y las que impregnan a las palabras o expresiones con un doble sentido que realmente no tienen como ocurre con las expresiones, por ejemplo, como ser un zorro/a que no significan lo mismo en el caso de un hombre que en el de una mujer, pero no por el significado de las palabras en sí, sino por el uso que las personas han hecho de ellas. En este caso estoy a favor de la posición que toma Bosques en su articulo, la lengua no es sexista, racista u homófoba, son las personas las que tienen esa mentalidad.

    Puesto que opino que la sociedad es la causante de este problema, no puedo más que apoyar a Millás en cuanto a que la solución es cambiar la mentalidad de las personas. Ahora bien, hay que saber escoger muy bien el camino a seguir para cambiar lo que es, desde hace mucho tiempo, la mentalidad española. No podemos entonces obligar a usar un lenguaje que sobrecarga demasiado una frase porque haya que especificar el sexo de cada cosa a la que nos referimos. Pienso que habría que reeducarse y adaptarse a los tiempos que corren y dejar atrás esa obsesión de superioridad que creen las personas que tienen sobre los demás. Habría que enseñar, no solo en las escuelas, sino también en los hogares, que realmente todos somos iguales y que nada debe hacernos pensar que algo es mejor o peor por ser distinto de lo que se ha catalogado como normal.

    En conclusión podemos decir que estamos en una época en la que debemos cambiar nuestras mentes y ser mas considerados con los que tenemos a nuestro alrededor. Debemos hacer algo al respecto, aunque sin llegar a limites inútiles o excesivamente estúpidos, y dejar atrás este problema que nos persigue y que no nos deja avanzar y evolucionar como sociedad hacia una mas igualitaria.

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  7. El texto que se nos presenta es una columna de J. J. Millás, un escritor y periodista valenciano que ha sido galardonado con numerosos premios. El tema central es el papel de la lengua en la sociedad con el paso del tiempo.

    Para este columnista, la lengua no está sujeta a influencias externas, es decir, no puede verse modificada por ideas políticas o sociales. Entre ellas, tampoco el sexo parece influir de manera determinante. No obstante, en ocasiones y en función de la percepción y la forma de pensar de cada persona, la lengua parece que adquiere unas connotaciones que en principio no tendría por qué tener. Es el caso del franquismo, tal y como se ejemplifica en el texto, una etapa que le tocó vivir al autor y que le dejó huella, hasta el punto de provocarle cierto rechazo mientras era capaz de admirar obras escritas en la misma lengua pero que no presentaban la misma ideología como sucedía con las novelas latinoamericanas. Además, la lengua es producto de una ‘’sociedad patriarcal’’ por lo que introducir cambios que afecten a la consideración del hombre y de la mujer no solo lleva tiempo, sino que debe estar propiciado por un cambio de mentalidad global que lleve a la igualdad.

    La idea que defiende este autor es interesante porque plantea el problema de si la lengua debe reflejar circunstancias sociales, sobre todo si estas circunstancias suponen un avance social como es la igualdad entre el hombre y la mujer. Sin embargo, la defensa de este argumento supone aceptar un cambio en la lengua por mucho que éste se produzca lentamente, partiendo de la idea de que el hombre no debe estar sometido a las expresiones de la lengua sino totalmente al contrario, es decir, la lengua debe estar acomodada a los ideales y a los sentimientos del hombre.

    Aunque se admita la posibilidad de cierto cambio, desde mi punto de vista hay que conocer la diferencia que existe entre ‘’género’’ y ‘’sexo’’ y la diferencia entre concepto ‘’específico’’ y ‘’general’’.

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  8. Estamos ante una columna escrita por Juan José Millás, conocido periodista del diario El País, un periódico con tendencias izquierdistas. En este texto, el autor expresa su postura acerca de un artículo de Ignacio Bosque en el que se critican las directrices contenidas en nueve guías sobre el lenguaje no sexista, elaboradas entre Universidades como la de Málaga, comunidades autónomas como la Generalitat Valenciana o la Junta de Andalucía y grupos sindicales como Comisiones Obreras, que pretendían, entre otras cosas, hacer distinción entre el sexo masculino y femenino. La postura de Millás es contraria a la de Ignacio Bosque, y ve a la lengua española como una lengua sexista y anticuada.
    La lengua española siempre ha sido muy conservadora, y a pesar de la evolución que ésta experimenta constantemente, sigue portando un pesado talante conservador. Muchas de las expresiones y frases castellanas, tienen un marcado carácter sexista, obviamente, inclinado hacia el género masculino, y las mencionadas nueve guías, trataban de erradicar este sexismo de nuestro idioma.
    Ciertamente, la lengua española tiene muchas características sexistas, que ‘’favorecen’’ al hombre ante la mujer, por ejemplo, generalmente, cuando queremos decir que algo es realmente bueno, lo asemejamos con el aparato reproductor masculino, pero si ese algo es malo, lo hacemos con el femenino.
    En mi opinión, no le veo utilidad al hecho de erradicar estas características de nuestra lengua. Sí es cierto que estas expresiones llevan inculcado el machismo, pero las pocas veces que hago uso de este tipo de frases, no lo hago pensando en el carácter sexista que estoy empleando. Las medidas que pretendían tomar las nueve guías del lenguaje no sexista, son en mi opinión demasiado extremistas, y este extremismo bien se hace notar en, por ejemplo, en el nombre de los oficios. Para los autores de las guías, si se habla por ejemplo del gremio de peluqueros, se tendría que hablar de los ‘‘peluqueros’’ y las ‘‘peluqueras’’; lo mismo ocurre, en otros términos, como el ‘‘colectivo de alumnos’’, que pasaría a denominarse el ‘‘conjunto de alumnos y alumnas’’, o el ‘‘grupo de los parados’’ de España, que ahora se llamarían ‘‘las personas sin trabajo’’. Junto con Ignacio Bosque, la Real Academia Española, se opone a realizar esta modificación en nuestra lengua, porque justificadamente argumenta que así, hablar español sería incluso difícil.
    En conclusión, admito el sexismo que hay en la lengua española, pero encuentro innecesarias las medidas que tanto el autor como las mencionadas asociaciones que elaboraron las nueve guías del lenguaje no sexista quieren llevar a cabo, y me muestro en una postura acorde con la de Bosque y la Real Academia Española en cuanto a cambiar nuestro idioma en este aspecto.

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  9. Estamos ante una columna de Juan Josè Millas,escritor y periodista español,del periódico El País, de entre todos el mas modernizado. En ella,el autor refuta sobre la idea de que la legua no es sexista,sino de que el sexismo está en la sociedad,o sea,que la lengua no tiene nada que ver ni con la política,ni religión,ni sexo, aunque en determinadas épocas se identificase con ellos.
    Hemos sido capaces de rechazar expresiones por considerarlas de ideología franquista o religiosas sin tener en cuenta que la lengua es lengua,independientemente de todo esto y hemos incluso aceptado otras formas de expresarnos(novelas latinoamericanas)como reveldía ante nuestro propio idioma.
    Opino que actualmente estamos ante una situación en que la lengua es sexista,ya que no utilizamos términos generales como ''personas'' o ''gente'',sino que utilizamos para mi gusto términos muy concretos como chicos/chicas, alumnos/alumnas...,llamado lenguaje políticamente correcto.
    Como conclusión puedo decir,con respecto a lo que dice el autor al final,que para que la lengua cambie tiene que cambiar el ser humano y para que éste cambie tiene que cambiar la lengua:la forma de expresarse fue creada por el ser humano y fue evolucionando; y posteriormente el ser humano tubo que adaptarse a la lengua o lenguaje que le correspondiese en el ambiente en el que estuviese.

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  10. El texto propuesto se trata de una columna del prestigioso escritor y periodista valenciano Juan José Millás, galardonado con numerosos premios como el Premio Nadal. Es una columna publicada en el periódico de tirada nacional el País, en respuesta a otro artículo publicado con anterioridad por Ignacio del Bosque. El autor trata el problema actual del sexismo en el lenguaje, comparando esto con el lenguaje utilizado durante el régimen franquista y como la lengua española ha ido evolucionando con el paso del tiempo.
    Tradicionalmente el lenguaje ha reflejado como un espejo los prejuicios cognitivos de la sociedad, ayudando a instaurarlos y perpetuarlos. Actualmente, nos encontramos en una “sociedad igualitaria” o seo queremos creer; pese a esto en nuestra lengua encontramos claros ejemplos de cómo el femenino suele tener connotaciones semánticas despectivas (oposición zorro / zorra; hombre público / mujer pública; ser un gallo / ser una gallina) Estas diferencias se perciben también a nivel léxico (algo es "cojonudo" si es bueno, un "coñazo" si es malo).De igual modo si los hombres ocupan una posición de autoridad, se les nombra con el apellido, pero a las mujeres se prefiere tratarlas con el nombre de pila .Nos encontramos en una sociedad con muchas lagunas todavía respecto a la igualdad de sexo que se refleja claramente en nuestra lengua, que aun posee ápices sexistas.
    Diferentes entidades y organismos públicos han elaborado en los últimos años diversas guías para evitar el uso sexista del lenguaje. El informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, aprobado por 26 miembros de la Real Academia Española, analiza varias de estas guías y sale al paso de lo que considera una deriva peligrosa: la pretensión de imponer un lenguaje políticamente correcto que evite determinadas estructuras muy arraigadas de la lengua, en favor de formas artificiosas destinadas a hacer visibles a las mujeres. Desde mi punto de vista, en muchas ocasiones, la intención de igualar las diferencias en el lenguaje está conduciendo hasta unos extremos incoherentes y ridículos y conducen al empobrecimiento del idioma: "legisladores electos y legisladoras electas" en vez de "legisladores electos".
    En conclusión, para acabar con el lenguaje sexista presente en nuestra sociedad, primero debemos acabar con las diferencias sociales que existen actualmente en nuestro país como por ejemplo la violencia de género y las diferencias salariales entre hombre y mujeres y no perder el tiempo en inventar un nuevo lenguaje menos sexista que muchas veces conduce al extremo opuesto.

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  11. Este texto es una columna publicada por Juan José Millás, conocido escritor y periodista español, en el periódico El País.
    El tema central es una crítica a ese sector que restringe la lengua oral y/o escrita dependiendo de la situación política en la que se encuentren sumergidos. Juan José Millás habla de cómo esta influye en nosotros para bien o para mal dentro de nuestro ambiente y que esto no debería de ser así ya que, la lengua es nuestra forma de expresarnos y ha de ser libre, no estar encasillada a lo que nos pretendar hacer creer. Nadie puede coartarnos ante ella porque si no, ¿qué nos queda? Bastante es que nos limitan con ciertas leyes con las que muchos no estamos de acuerdo pero como alguien las ha creído oportunas.
    En lo que a mi respecta, puede que parte de la culpa de esto sea la población, porque nosotros mismos nos limitamos a acatar órdenes sin poner queja alguna. Estamos ante una población conformista como podemos observar que con tal de no complicarse mucho se limita ella misma a agachar la cabeza como cualquier animal irracional. No nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta, de que juntos podríamos avanzar a pasos gigantescos. Pero claro está, es mucho más fácil asentir que disentir.
    Hoy día no es necesario tener que poner siquiera “sexo” a la lengua pero en cierto modo, en nuestra mente seguimos siendo todos un poco machistas, aunque quizás inconscientemente, como nos han inculcado otras generaciones, otras épocas… El caso es que nos encontramos en el siglo XXI, una época en la que, gracias a esas otras generaciones que sí han luchado por su bienestar y derechos, podemos prácticamente expresarnos de forma liberal y no termina de ser así, seguimos siendo un gran rebaño de ovejas pastoreados por unos cuantos. Qué ironía, ¿no?

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  12. El texto que nos disponemos a comentar es una columna cuyo autor es Juan José Millas y que fue publicado en el periódico El País el 23 de marzo de 2012. La columna tiene como título “otra de lenguas” y tiene como tesis principal el sexismo lingüístico en la actualidad.
    El lenguaje es el elemento que más influye en la formación del pensamiento de una persona, lo que significa que tener un lenguaje sexista influirá totalmente en el pensamiento de la persona, que será sexista. La utilización del lenguaje no sexista no es solo un asunto de corrección política sino que es algo más, porque como he dicho antes influye mucho en el comportamiento y en las percepciones de la persona. Darle un nombre a algo o alguien es darle una presencia, es decir, gracias al lenguaje se nos puede llamar y también ignorar y esto condicionara la imagen de la realidad de cómo somos y como se transmite esa imagen, todo esto significa que para que algo exista tiene que tener un nombre. Por tanto el uso del lenguaje sexista provoca la invisibilidad de la mujer.
    La sociedad española desde siempre ha funcionado con un lenguaje sexista el cual hay que cambiarlo. La mujer debe contar en todos los aspectos de esta sociedad incluido el lenguaje. La lengua está en constante evolución por lo que tendrá diferentes ideologías según el momento en el que se encuentre. Hasta hace poco la mujer no ha formado parte de casi nada, pero poco a poco la sociedad se ha dado cuenta de esto y la mujer cada vez forma parte de más aspectos. A la mujer hay que darle todo el valor que tiene el cual a veces puede ser superior al de un hombre. Para darle ese valor hay que cambiar el lenguaje aunque este cambio se haga poco a poco. La manera de comenzar a realizar este cambio es en los niveles mínimos de enseñanza, es decir, aplicar el cambio en infantil y primaria, lo que significa que el cambio está en su mayor parte en manos de los maestros. Hace algunos años cuando un maestro decía “alumnos” podía haber alguna alumna que se sintiera discriminada y que por lo tanto se sienta excluida del grupo. Para el uso adecuado del lenguaje no sexista están los llamados “guías del lenguaje no sexista” que son escritas en ausencia de lingüistas y el criterio para saber si algo es sexista o no es preguntárselo a las mujeres.
    Yo estoy totalmente de acuerdo en que el lenguaje no sea sexista, pero hay algunos aspectos que aunque está bien los considero algo exagerado como decir “alumnos/as” ya que en la actualidad nadie se siente discriminado por esto.

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  13. El texto ante el que nos encontramos se trata de una columna de carácter crítico publicada en el periódico El País, prestigioso periódico español de ideas progresistas. Escrita por su habitual columnista Juan José Millás, dicha columna refuta el artículo del lingüista Ignacio del Bosque publicado también en el mismo periódico.
    Como leemos en el texto, Millás presenta una reflexión sobre el uso del machismo en la lengua española, tal vez marcada por la influencia de una sociedad patriarcal, en la se tiende a considerar sus miembros masculinos como más prestigiosos que los femeninos. Continúa con el hecho de que la lengua ha cambiado a lo largo de la historia con las distintas épocas y según las ideologías predominantes en la sociedad de cada una de ellas.
    En mi opinión ambas afirmaciones son hechos comprobables. No obstante, hemos que tener en cuenta que el periodo de tiempo que ha transcurrido entre los cambios de nuestra habla, han sido demasiado prolongados con respecto a la magnitud e importancia de dichos cambios.
    Pero, ¿es posible hacer que estos cambios lleguen a tal proporción como es erradicar el androcentrismo lingüístico en nuestro idioma?, y en tal caso, ¿debería cambiar la sociedad primero o tal vez es la lengua quien tiene la llave para conseguir erradicar el machismo de una sociedad con orígenes judeocristianos? Es difícil determinar una respuesta a esta última pregunta, pero en el caso de poder eliminar este sexismo lingüístico estaríamos casi rechazando el español tal y como lo conocemos.

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  14. Juan José Millás, afamado escritor nacido en Valencia, plasma en su columna "Otra de lengua" un tema sobre el que se ha generado una gran polémica a lo largo de los últimos años: el sexismo en la lengua.
    La columna de Millás surge como respuesta a un artículo de Ignacio Bosque donde el autor muestra su total oposición a los llamados "manuales del lenguaje no sexista" difundidos entre miembros de diversas instituciones como sindicatos y hasta el propio Gobierno. Según Bosque, la lengua carece completamente de connotaciones sexistas o ideológicas. Somos las personas las que dotamos de estas cargas emocionales a las palabras, debido a la sociedad en la que vivimos. Ignacio Bosque propone como solución a este problema un cambio en la sociedad y no en la lengua.
    Juan José Millás se sitúa en el polo opuesto. Para él es la lengua la que hace a la sociedad. La lengua limita nuestro pensamiento, nuestras ideas y, por lo tanto, lo que decimos y cómo lo decimos. Si el lenguaje es sexista, la sociedad también lo será.
    Como vemos, existen posturas completamente opuestas. Este tira y afloja entre la Academia y las instituciones ya mencionadas no hacen más que acrecentar el problema. Por un lado, los académicos deben aceptar que la sociedad está en constante cambio y que, consecuentemente, la lengua también lo está. Por el otro, los defensores a ultranza del lenguaje políticamente correcto deben dejar a un lado sus posturas tan radicales. Es tal la precaución que se tiene en política para no "ofender" a nadie que incluso la exministra de igualdad, Bibiana Aído acuñó un nuevo término: miembra.
    Aristóteles decía que la virtud se encuentra en el término medio. Esta teoría formulada hace más de dos milenios puede ser la solución a este problema. La búsqueda de un consenso entre las diferentes partes es vital para erradicar esta crispación tan innecesaria que a veces parece incluso infantil. Hasta que no exista un acuerdo, tendremos que seguir diciendo "madre/padre/tutor legal" para no causar daños y perjuicios.

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